Ser en el tiempo

Manifiesto pospolítico

Tras el impactante La identidad errante: la identidad judía a examen, también de Gilad Atzmon, que inauguró la colección, publicamos ahora su nuevo libro, Ser en el tiempo. Manifiesto pospolítico, que, en palabras del autor, «se divide a grandes rasgos en dos. Arranca con un estudio filosófico de la condición pospolítica. Redefine el significado de la izquierda y la derecha, y reexamina la contienda política entre ambas. Luego, identifica los elementos ideológicos y culturales que han abocado al colapso de lo ‘político’, tal como lo conocemos»…

Las conclusiones de Atzmon son incómodas de leer, pero provienen de una aguda mente filosófica, de un entendimiento del tema «en profundidad» y de muchos años de observación de Israel, el sionismo y la identidad judía. No sabemos si sus conclusiones resistirán al paso del tiempo, pero sí que se basan en sólidas pruebas, fundamentadas en copiosas referencias a escritores y expertos judíos, y que, antes de desdeñarlas sin haberlas leído, merecen una consideración seria por nuestra parte.

Autor/a

Gilad Atzmon

Gilad Atzmon es un músico y compositor de jazz mundialmente reconocido. Miembro de The Blockheads y del Orient House Ensemble, sus dos novelas Guía de Perplejos y My one and Only Love, así como sus ensayos políticos, nos descubren a un hombre libre que, como afirma James Petras, «tiene el valor del que tanto carecen los intelectuales occidentales». Vive en Londres desde que decidió abandonar su país natal, Israel, al tomar conciencia de la situación de opresión en que vivían los palestinos bajo ocupación israelí. Sus tomas de posición en contra de la política de limpieza étnica de los gobiernos israelíes le ha ganado la animadversión de los grupos sionistas más extremistas, que han llegado a boicotear sus actuaciones acusándolo de antisemita.

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Si usted odia a George Soros, este es el libro que
busca. Si odia a George Soros, Steven Spielberg, Noam Chomsky y Hillary
Clinton, mejor aún. Si además odia la revolución sexual, el movimiento
queer, el feminismo moderno, el marxismo moderno y el antiguo, Karl
Marx, Sigmund Freud, Wilhelm Reich, la corrección política, la prensa de
izquierdas en general y Amy Goodman en particular, la lectura será un
deleite para usted. Eso sí, es imprescindible odiar también, con igual
convicción, al gran capital, los bancos, el lobby sionista, AIPAC, los
sucesivos gobiernos israelíes, la derecha en general y a sionistas de
derechas como Alan Dershowitz o Bernard-Henri Lévy en particular.

En una palabra, es un libro para quienes odian tanto a Wall Street como a Occupy Wall Street.
Gilad
Atzmon, músico de jazz de indiscutible prestigio y filósofo ensayista
de indudable valentía, presenta en “Ser en el tiempo” una reflexión
sobre lo judío en la política y en la sociedad que no deja títere con
cabeza. Al fondo, obviamente, subyace el conflicto palestino, sobre el
que Gilad Atzmon tiene una opinión rotunda y bien conocida, que aquí no
necesita desarrollar de nuevo: el sionismo es un absurdo histórico al
postular un “pueblo” judío surgido de aquella esquina del Mediterráneo, y
la ocupación israelí de los territorios palestinos es un crimen que
debe cesar. Vamos, nada muy distinto a lo que dice la ONU, el sentido
común y Shlomo Sand.

Que esta postura sea motivo de boicots en
salas musicales y podría traducirse en vetos, denuncias y
descalificaciones es motivo para plantearse el poder del lobby sionista
para yugular la libertad de expresión en este aspecto concreto dentro de
una Europa y una América que en general se precia de respetar las
opiniones divergentes. Pero ese libro ya se ha escrito, y Atzmon va un
paso más allá: reflexiona sobre cómo hemos llegado a una sociedad que
eleva la corrección política a norma moral y prescribe un discurso
liberal (en el sentido original del término: de libertades individuales
frente a la nación) y mira mal a quienes reivindican la tradición, la
etnia, la raza, la bandera, la patria.

Y
hemos llegado allí, concluye Atzmon, a través “lo judío” en nuestra
sociedad. No solo porque Marx, Freud y Reich fueran judíos, que lo eran,
sino porque todo el movimiento de la izquierda moderna es resultado de
una mentalidad judía. Me explico: el judío se identifica como miembro de
un colectivo concreto, frente a todo el resto de la humanidad (los
goyim, singular goy, castellanizado como gentiles). Esta adherencia a un
colectivo pequeño, frecuentemente víctima, frente a una humanidad
inmensamente mayor, se trasladó oportunamente a los demás: así empezaron
a formarse el colectivo gay, el colectivo feminista, el colectivo
negro… una serie de identidades compartimentadas, aunque parcialmente
solapadas (“soy judía lesbiana, soy negro gay”). Un divide y vencerás en
toda regla que ha conquistado el discurso oficial y desprecia al obrero
que dice “Soy orgulloso americano blanco, viva la bandera, viva mi
país” y vota a Trump.

La izquierda, asevera Atzmon, vive en un
permanente estado de sueño para un futuro que nunca llegará, mientras
que la derecha vive en una realidad que no intenta cambiar. Y el obrero,
concluye, que no tiene tiempo para soñar con un futuro o una
revolución, porque está ocupado trabajando, desde luego está mejor
representado por la derecha.

(“Títeres sin cabeza”, por Illya U. Topper en MSur)

Dades bibliogràfiques

Idioma

Català

Any de publicació

2020

Pàgines

0

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